Si los periodos de bonanza económica desatan la propensión a la asunción de riesgos, comprobado está que las crisis económicas disparan la búsqueda de conforables seguridades. Ávidas de negocio las compañías aseguradoras sacan partido de los temores que desata el mal momento económico por el que atraviesa el país con la comercialización de productos destinados a asegurar sueldos, ingresos mensuales complementarios y hasta inversiones.
Un filón con el que intentan compensar el impacto negativo que la crisis económica está asestando a otros productos del ramo como las pólizas de automóviles. El ciudadano de a pie puede así optar por amarrar su nivel de vida, asegurarse fondos de cara a gastos familiares prolongados como colegios o hipotecas o vivir de sus ahorros con un complemento adicional.
Los denominados «seguros de rentas» garantizan el cobro de los ingresos que se determinen en cada caso y aunque varían de una compañía a otra, los 300, 600, 1.000 ó 1.500 euros son las cuantías mensuales más ofrecidas por las aseguradoras. Estos ingresos pueden contratarse tanto por periodos determinados de tiempo como de forma permanente y tienen en cuenta el «encarecimiento de la vida» con lo que incluyen una revalorización anual acumulativa que de media ronda el 3% sobre el capital inicial, que se replica a la prima.
En terreno bancario
La cuantía a percibir puede ser fija o creciente y estará determinada por la edad, el sexo del asegurado y la prima única a abonar en el momento de establecer la póliza que, como mínimo, ascenderá a 15.000 euros. El inconveniente que presentan estos productos es que no son adecuados para el corto plazo por el desembolso inicial que exigen y porque establecen el primer año como período de carencia.
Junto a las garantías de rentas, las aseguradoras también comercializan lo que denominanan «seguros de ahorros» que no son otra cosa que inversiones garantizadas; una actividad que pone el pie en el negocio financiero.
Tanto para corto, medio o largo plazo, las compañías aseguradoras han puesto en marcha productos de inversión que aseguran el capital depositado con una rentabilidad garantizada, a salvo de giros inconvencientes de los tipos de interés o de fluctuaciones bursátiles desagradables. Al igual que en el caso de los seguros de rentas, esta modalidad también establece una inversión mínima si bien mucho inferior, ya que normalmente se puede contratar a partir de 3.000 euros.
Para inversores menos conservadores, la mayoría de las aseguradoras ofrece seguros de vida cuyas primas se invierten en fondos de inversión elegidos por el cliente entre un abanico seleccionado previamente por la compañía. No garantizan capital ni rendimiento y su evolución está vinculada íntegramente a los movimientos de los fondos seleccionados. Todos ellos, productos que conforman en la práctica la segunda generación de los seguros de vida tradicionales y que constituyen un ejemplo paradigmático de que la reinvención es una fórmula si cabe más vigente en tiempos de crisis.
Fuente: ABC
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