Mientras las constructoras más potentes se declaran en concurso de acreedores, las naves industriales arden en Palma por los cuatro costados. Las alarmas se han disparado. La frecuencia con que se calcinan las instalaciones de pequeñas empresas en los polígonos han multiplicado las sospechas. Máxime en estos tiempos de crisis, cuando el afán por conseguir liquidez es la nota común.
La frecuencia con la que una nueva nave industrial se calcina es cada vez mayor. Buena prueba de ello es que en los últimos 20 meses, 13 naves industriales de Palma se han consumido por las llamas. Las aseguradoras han extremado la cautela. La pregunta del millón de euros se repite ante cada nuevo incendio: ¿fortuito o intencionado?
Las aseguradoras y la Policía Científica trabajan estos días codo con codo. Escudriñan entre los restos humeantes para tratar de dar con el foco del incendio. Si hay más de un foco existen elevadísimas probabilidades de que haya sido intencionado. Si, además, se encuentran restos de un acelerador (gasolina o cualquier otro combustible) no hay la menor duda.
“El dolo no está cubierto", subrayan a EL MUNDO desde la asociación empresarial del seguro Unespa. Además, la patronal de las aseguradoras ha activado un protocolo para que cada seguro pueda determinar si hay un riesgo elevado de que esté siendo víctima de un fraude con el único afán de cobrar la póliza.
«En estos casos se encienden unos semáforos para verificar si podemos encontrarnos ante un fraude», puntualizan desde Unespa. Los antecedentes fraudulentos de una empresa suelen ser indicadores de que el incendio de una nave no es más que un ardid para cobrar el seguro. Aunque la patronal establece unas pautas, cada aseguradora es soberana en su forma de actuar. Lo principal es que, en ningún caso, paguen justos por pecadores.
«El seguro pagará los daños y la víctima será indemnizada. No obstante, si hay sospechas se revisará todo el procedimiento», indican desde Unespa. Si se confirma que es un engaño, el propietario también puede entrar en una lista negra. La posibilidad de que pueda suscribir una nueva póliza se complica sobremanera.
En la mayoría de las ocasiones, la forma para detectar un fraude es tan costosa que pocas aseguradoras están dispuestas a afrontarlos. «Únicamente si el volumen contratado es muy elevado, merece la pena contratar los servicios de un detective».
Se trata de un elevado desembolso sólo al alcance de las aseguradoras más potentadas. En la mayoría de los casos, las compañías de seguros sopesan la inversión. Si no es suficientemente rentable la investigación, optan por pagar al no tener la completa certeza.
Mientras, en los últimos días los servicios de los especialistas de la Policía Científica son requeridos con mucha frecuencia. Una vez que los bomberos dan el incendio por extinguido, comienza verdaderamente su actividad. Los investigadores se adentran entre los restos humeantes con una prioridad en la cabeza: dar con el origen del incendio.
Fuente: El Mundo
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